Cuando tomamos decisiones sobre nuestra alimentación, no sólo pensamos en cubrir esta necesidad fisiológica. Existen numerosos factores que determinan la selección de los alimentos que vamos a ingerir.  El tipo de alimentos, su cantidad, calidad o frecuencia varia mucho en la alimentación de unas personas a otras. De forma consciente o inconsciente elegimos alimentos en función de nuestro humor, el momento, la finalidad…

Por ejemplo, cuando consumimos  alimentos con propiedades hedónicas sensoriales, como el chocolate, se produce una sensación de placer. El chocolate puro posee propiedades nutricionales interesantes por lo que incluirlo en cantidades moderadas en nuestra alimentación sería una buena opción ya que puede incrementar la disponibilidad de triptofano en el cerebro y modular nuestras emociones produciendo un estado momentáneo de placer.

Las emociones, el humor y la elección de los alimentos interactúan entre sí. Según nuestro estado de ánimo elegimos unos alimentos u otros, y viceversa, una predominancia de ciertos alimentos en nuestra dieta puede alterar nuestro estado de ánimo. También si sentimos hambre nuestro comportamiento se vuelve más irritable, sensación que se calma cuando ingerimos alimentos saciantes.

Las emociones negativas como la rabia, el miedo y la tristeza están relacionadas con el aumento de la ingesta impulsiva. Es decir, se produce una ingesta rápida, impulsiva e irregular de cualquier tipo de alimento disponible. Es un mecanismo que trata de equilibrar el estado de ánimo y dónde frecuentemente se consume “comida basura”. Por el contrario, la alegría, confianza, felicidad, relajación, diversión y entusiasmo tienen como efecto positivo un mayor consumo de alimentos saludables y el resultado es una mayor sensación de bienestar.

Los problemas de sobrepeso y obesidad se ven agravados en situaciones de estrés, ya que se genera un mayor consumo alimentario y elección de alimentos de mayor densidad calórica, sobretodo alimentos dulces y ricos en grasas. Disminuyen en estas situaciones el consumo de frutas y verduras.

¿Has notado alguna vez que después de consumir un alimento determinado te has sentido bien o reconfortado? ¿Notas que ante situaciones de estrés o emociones negativas recurres a la comida? Puede ser que sufras de hambre emocional.

Es muy importante controlar nuestro nivel de estrés diario, así como mantener unas pautas de alimentación ordenadas y equilibradas. Sólo así podremos eliminar el hambre emocional y evitar consecuencias nocivas para nuestras salud.

Cada emoción tiene su lugar, pero no debe interferir con la acción adecuada.

Susan Oakey-Baker

LBP Nutrición